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Profesor Gustavo Balcázar

Realidad aumentada, la última revolución digital (Reportaje)

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La nueva tecnología interactiva de la Realidad Aumentada añade información virtual a escenarios reales y ya se aplica en campos como el ocio, la medicina o la educación. Escribe Javier Pedreira, coautor del blog Microsiervos.

En una de las primeras escenas de Terminator 2, el ciborg interpretado por Arnold Schwarzenegger entra en un bar de moteros en busca de ropa, ya que, por algún extraño motivo nunca explicado, la increíble tecnología que le permite viajar en el tiempo le obliga a hacerlo completamente desnudo. Algunas de las tomas de esa escena están realizadas desde el supuesto punto de vista subjetivo del robot y, en ellas, se ve cómo aparece información superpuesta a lo que este Terminator T-800 ve. Se trata de datos que le revelan varias cosas, como si la persona que está viendo representa una amenaza o si es de la talla adecuada para que sus ropas le sirvan.

Dejando aparte cuestiones filosóficas de si para el ciborg esa forma de ver las cosas es la típica o no y de si para él representa su percepción habitual, estas tomas dan una idea bastante aproximada de lo que supone el concepto de realidad aumentada (RA): disponer de alguna tecnología que permita añadir información de forma virtual a la realidad física ya existente, y normalmente en tiempo real.

Información suplementaria sin realizar ni un movimiento


Sin necesidad de recurrir a las películas, lo cierto es que este tipo de tecnología se viene utilizando desde hace algún tiempo en distintos campos. Se usa, por ejemplo, en los head-up displays de las aeronaves militares, que son unas pantallas de visualización transparentes sobre las que se proyectan datos básicos del vuelo, como la altitud, la velocidad, el rumbo y la posición de otros aviones. De esta forma, el piloto no tiene necesidad de apartar la vista del exterior, ya que los datos aparecen ante él. Los modelos más recientes incorporan incluso esa pantalla en el propio casco del piloto, con lo que ya ni siquiera es necesario que este mire al frente para estar informado permanentemente.

Esta tecnología ha pasado también a utilizarse en aviones comerciales como el Embraer 145 o el Airbus A380, por citar un par de ejemplos, y de hecho está empezando a ser ofertada como un extra en ciertos turismos, con esa misma idea de que el conductor no tenga que apartar la vista de la carretera más de lo necesario.

Otra área donde se aplica el sistema de realidad aumentada es el de la ayuda a técnicos de mantenimiento, en especial en la industria aeronáutica. En este caso, la proyección de información pertinente acerca de la tarea que se está desarrollando reduce el tiempo necesario para realizarla y, de paso, evita a los operarios tener que cargar con complejos y pesados manuales. Los sistemas más sofisticados son incluso capaces de superponer a lo que está viendo el técnico –mediante un software de reconocimiento– la información necesaria sobre el elemento con el que está trabajando.

La realidad aumentada también ha encontrado un hueco en la medicina, ya que puede aplicarse en numerosas situaciones, por ejemplo, para superponer en un informe clínico datos procedentes de pruebas diagnósticas o para visualizar los bordes de un tumor, que son invisibles a simple vista. Incluso, siendo un poco generosos con la aplicación del término, también es posible incluir como un tipo de RA algunas retransmisiones televisivas deportivas, donde se añaden gráficos a las imágenes con el fin de comprobar si en efecto hubo un fuera de juego o si la bola botó dentro de la pista en un partido de tenis.

El caso de estas retransmisiones es especial, porque pierden el elemento de interactividad que incluye la definición de realidad aumentada de Ronald Azuma, experto en ciencias computacionales del Nokia Research Center Hollywood, en California. Según su descripción –una de las más aceptadas–, la RA tiene que combinar elementos reales y virtuales, ser interactiva y en tiempo real, y funcionar en 3D.

Existen también interesantes proyectos educativos, como el desarrollado por la Unidad LabHuman, del Instituto I3BH, en la Universidad Politécnica de Valencia. Sus investigadores han creado unos cuadernos que incluyen unas cartulinas con un código. Estas sirven para que una webcam coloque en el monitor donde trabaja el alumno una imagen 3D acorde con los contenidos de la lección que está estudiando. La imagen se puede girar, acercar y alejar, ver desde distintas perspectivas y, según confirman los profesores que participan en el proyecto, el método ha servido para incrementar el rendimiento escolar.

De todos modos, hasta hace poco la realidad aumentada era algo bastante desconocido fuera de las películas, de estos campos de aplicación y de programas un tanto específicos. Sin embargo, la situación está cambiando gracias al desembarco de esta tecnología en los teléfonos móviles y en los medios impresos. En efecto, en 2009 aparecieron las primeras pruebas en revistas como Esquire Wallpaper–y en abril de este año, en Quest, el MUY holandés–, donde aparecía un código QR –Quick Response–, que es como un código de barras, pero dispuesto en una matriz cuadrada de puntos. Cuando este QR es convenientemente leído por una webcam o por la cámara de un móvil, permite acceder a información adicional.

En el caso de la estadounidense Esquire, por ejemplo, era necesario descargar una aplicación gratuita de su web; una vez instalada, lanzaba vídeos con contenido adicional, vídeos que, además, dado que la aplicación es capaz de saber a qué hora del día está funcionando, no son siempre los mismos.

Pero no hace falta irse al extranjero para encontrar iniciativas de este tipo. En España, la editorial Bidimobile se les adelantó con sus Bidibooks, unos libros editados en seis idiomas que, mediante el uso de los códigos QR, permiten enlazar los contenidos de estos con textos, imágenes y vídeos de Wikipedia, Flickr y YouTube.

Nace una nueva forma de hacer turismo



Una de las colecciones de Bidibooks son las Urban Visions, que ofrecen un punto de vista alternativo de algunas de las ciudades más conocidas del mundo, con lo que los libros de esta serie podrían convertirse en unas guías de viaje que consultaríamos in situ gracias al móvil. Al hilo de esto, los códigos QR podrían ser muy útiles si se añadieran a una placa turística ubicada en la fachada de edificios emblemáticos o singulares. Obtendríamos así información sobre la ciudad, sus calles y sus monumentos con nuestro teléfono. De hecho, este es el alma máter del proyecto Costa da Morte.

En realidad, los móviles están aprendiendo a ver el mundo y a ofrecernos algunas capas de información adicional a través de sus pantallas. Los de última generación son precisamente los que están contribuyendo más a la popularización de la RA. Estos dispositivos usan el GPS para ubicarse geográficamente y saben hacia dónde están mirando gracias a las brújulas y acelerómetros que incorporan. Esto, unido a programas o aplicaciones adecuadas, permite meternos vía móvil en el mundo de la realidad aumentada.

Uno de estos programas es Layar, un navegador disponible por ahora para el iPhone 3GS –es el modelo que incorpora brújula– y para teléfonos Android. La información que puede mostrar este software es muy variada y sirve, por ejemplo, para localizar casas en venta o en alquiler, cajeros automáticos, farmacias e, incluso, ofertas de trabajo. Otra aplicación muy similar es Wikitude World Browser, que muestra puntos de interés superpuestos a la imagen que está captando la cámara del móvil.

Un menor precio de acceso a la Red aumentará la demanda


De todos modos, y aunque la tecnología que les permite funcionar ya está disponible, el problema actual reside en que este tipo de programas tenga de verdad información que mostrar. En el caso de Layar –que en el mes de mayo inauguraba su tienda on-line–, al principio sólo aportaba datos acerca de ciertas ciudades de Holanda, que es el país de origen de la aplicación. Con Wikitude, los datos que se muestran al cliente son los contenidos que hay en los servidores de la empresa. En este sentido, la bajada de precios tanto del acceso móvil a internet como de los propios teléfonos inteligentes no serán sino factores que contribuyan a aumentar la demanda y aceptación de este tipo de servicios. Es en este punto donde entran en juego, o deberían hacerlo, administraciones públicas y empresas, para desarrollar y ofrecer de forma conjunta datos atractivos e interesantes para los usuarios.

Las empresas podrían hacer negocio vendiendo el acceso a estas capas de información y, en el caso de las administraciones públicas, lo propio sería que las sirvieran de forma gratuita. Hay que tener en cuenta que muchas de ellas, si no todas, manejan bases de datos gigantescas de todo tipo, que han sido creadas con dinero procedente de fondos públicos.

Según vaya avanzando la tecnología, es probable que acabemos llevando unas gafas o incluso lentillas sobre las que se proyecte información, como si fuera un head-up display personal al estilo del que asiste al Terminator en su misión de matar a Sarah Connor. Por ahora, tal extremo cae en el campo de la ciencia ficción... aunque cada vez con más de la primera que de la segunda.

12/07/2010

Para saber más: Realidad aumentada

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