Nací siendo parte de una manada. Pero un instinto en mí me llamaba a la aventura.                 

Mis padres me dieron cien dólares para el viaje, todos sus ahorros.

Tuve que dejar a mi manada atrás. Quería ir a Hollywood a aprender de los mejores entrenadores.

Mi sueño era volverme uno de ellos, para poder ayudarle a la gente a reconectarse con la naturaleza.

Pero los obstáculos no tardaron en aparecer.

Del otro lado tuve que vivir bajo un puente con un dólar al día. Tuve que aprender un lenguaje completamente desconocido para mí.

Ahora tenía que enfrentar la peor frontera de todas… la mental.

Encontrar un perro salvaje en tu camino puede ser un golpe de suerte. Daddy parecía un perro incontrolable, pero dentro de él había un espíritu noble que esperaba ser descubierto. Se convirtió en mi mejor amigo.

Una estrella de cine vio en mí al entrenador de perros que necesitaba. Los que yo buscaba en un principio no existían. Era yo quien debía llenar ese vacío. Vine a Estados Unidos a aprender de ellos y terminaron aprendiendo de mí.

 Pero a veces es más fácil comunicarse con la naturaleza que con los humanos. ¡Todo sucedió muy rápido! No tuve cuidado con lo que firmaba, caí en bancarrota, me quitaron mi propio nombre y lo perdí todo.

Cuando pensé que nada podía ser peor, Daddy, mi mejor amigo, mi más leal compañero me dejó para siempre.

Cuando un hombre se queda sin su manada es lo más cercano que hay a un fantasma.

Fueron los perros quienes me salvaron.

Mis instintos me gritaban que me reinventara. Era el momento de volver a enfrentar esa frontera mental que nos separa de nuestros sueños.

Empecé a rescatar perros y a conseguirles un hogar… se los debía.  Así regresé a la televisión y entendí que la generosidad se pagaba con generosidad y que escuchar tus instintos es la única forma de ser fiel a ti mismo.

Ahora mi sueño es más grande, voy a enseñarle al mundo lo que he aprendido de mi manada: a vivir con lealtad y armonía.

Cada perro que salvo hace del mundo un lugar mejor.

Estoy donde quiero estar y sigo caminando. Cada paso cuenta.

¿Y tú dónde quieres estar en cinco años?