Vendedor: Perdón ¿qué desea?

Cliente: ¡nada! Estoy mirando.

Vendedor: Estos trajes están muy rebajados, aunque son de última moda.

Cliente: ¡No quiero trajes!

Vendedor: Yo lo digo, como los está mirando…

Cliente: Los miro porque me da la gana ¿Algún problema?

Vendedor: ¡Y un jersey! ¿Quiere usted un jersey?

Cliente: Pero si aquí no hay jerseys, aquí sólo hay trajes.

Vendedor: Bueno, pero en el almacén

Cliente: ¡Cállate! A ver… éste… ¿qué vale?

Vendedor: Ése está de oferta.

Cliente: Eso ya lo ha dicho

Vendedor: Es que es una ganga

Cliente: ¿Una ganga?... pero si esto está carísimo. Esto está a mitad de precio en la tienda de al lado.

Vendedor: Bueno, pero serán peores ¡vamos! Digo yo.

Profesor: Mal, mal ¡Muy mal! No te agaches a recogerlo por Dios ¡y nunca dudes! Si hay otros a mitad de precio, son peores. Tú lo sabes, él lo sabe y todo el mundo lo sabe.

 

Vendedor: Claro, es que…

Profesor: Es que, es que, es que, es que lo que pasa es que el cliente te acojona

Vendedor: No, no, no me acojona.

Profesor: ¡Te acojona coño! Nunca debes de perder la iniciativa. Te has equivocado en todo. A ver ¿Quién sabe cuales son los errores?

 

Alumno: Lleva la ropa mal planchada

Alumno 2: Asusta al cliente al preguntarle qué quiere

 

Profesor: ¡Exacto! Jamás preguntéis qué quiere. Preguntad: ¿Puedo ayudarle en algo? O ¿está usted atendido? Pero por Dios “qué quiere” es estúpido. Además ha discutido con el cliente, le ha llevado la contraria. Es la regla número uno: el cliente siempre tiene la razón, lo saben hasta los niños, por no hablar de ponerse de rodillas perdiendo toda la autoridad y, sobre todo, utilizar la horrorosa palabra “ganga”… Total: ¡cero sobre cien!

Muchachos vuestra máxima puntuación es de doce, tenemos mucho trabajo por delante.

 

Alumno: ¿Hay alguien que haya sacado los cien puntos alguna vez?

 

Profesor: Sí… una vez… era perfecto… consiguió convencernos de que compráramos realmente la ropa. Yo me llevé a casa una camiseta de baloncesto y odio el baloncesto. La tengo enmarcada en mi cuarto. Era una máquina, te leía la mente. Un mago, una bestia, un animal nacido para vender ¡Nunca he visto nada igual!