La vida se parece bastante a un partido de Argentina.

Salimos a la cancha.

Y el recibimiento es puro amor.

Traemos con nosotros un apellido.

Tomamos del pico.

Gritamos como locos.

Y no nos quedamos quietos un segundo.

En los primeros quince somos pura ilusión y optimismo.

Nos queremos llevar el mundo por delante.

Allá por los treinta sabemos que hay que jugársela y aprovechar las oportunidades.

Queremos llegar bien plantados a los cuarenta y cinco y disfrutar tranquilos ese momento.

Ya en la segunda mitad vienen los cambios.

Sabemos más a qué jugar, cuando darnos un lujo, cuando apretar los dietes y cuando tirar todos para el mismo lado, para que los sueños se hagan realidad.

En los últimos quince miramos el reloj. Tenemos menos piernas, pero el mismo corazón.

Porque en la vida, como en un partido de Argentina, se puede ganar o perder… pero lo más importante es dejar todo en la cancha.