Texto: Víctor Reyes Jara para www.35milimetros.org

En “Largo Viaje” (1967, Chile) de Patricio Kaulen, el director nos muestra las condiciones en que sobreviven los campesinos que llegan a la gran ciudad, buscando en ella mejores oportunidades que el campo no les puede entregar.
Chile a lo largo de su historia ha tenido una gran deuda con respecto a las viviendas que utilizan los más pobres. Un ejemplo importante es la ley 1.838 de Habitaciones Obreras del año 1906, ya que figura como la primera iniciativa que da comienzo a las actuaciones públicas en el campo de la vivienda social. Uno de los aspectos importantes de esta ley es que favorecía la construcción de viviendas higiénicas y baratas destinadas a ser arrendadas o vendidas principalmente a los campesinos que llegaban a la ciudad.

De esta forma, la película de Kaulen, nos muestra la historia de un niño que vive junto a su familia en una tipología muy singular de vivienda social, específicamente el conventillo. Estas eran construcciones muy precarias que proliferaron en Santiago y Valparaíso a finales de los años sesenta. Estas viviendas colectivas, eran arrendadas a una familia o grupo de personas diferentes, por lo general estaban configurados en torno a un patio central, en donde se disponía de los servicios comunes, una fuente de agua y una acequia abierta que era utilizada para botar los desechos propios de la vida en comunidad.

Kaulen en su film nos muestra un registro invaluable, un documento histórico para los preocupados por la arquitectura social de nuestros compatriotas más vulnerables. Es así como, en largos momentos podemos apreciar la configuración de los espacios en que viven los protagonistas de esta historia. Sus paredes altas, que amplifican el sonido de cuecas y tonadas que interpretan para el bebé que ha fallecido y que según las creencias del campo chileno, eran angelitos.
Podemos distinguir la atmósfera del lugar en que velan al “angelito”, la luz sombría de las habitaciones, el frío es palpable, la cámara recorre lentamente este conventillo y por medio de planos generales, logramos identificar y sentir el espacio. Asimismo hay pasajes de la película en que se nos muestra al Santiago emergente y moderno, poniendo en contraste la vida de una familia adinerada, versus una familia que vive en un conventillo sucio y descuidado.

Hay una secuencia notable, en que la señora pudiente, está sin sueño en su casa en altura y se levanta a tomar agua al baño y oye a la distancia los cánticos al angelito. “Pobrecita la guagüita que del catre se cayó” se repite muchas veces. Ella observa por la ventana y aparece en un plano general el conventillo, con su tipología de patio interior y sus habitaciones rodeando este patio.

En planos memorables la película nos entrega largos minutos de esta cruda realidad, la contradicción entre una familia adinerada y una pobre. El blanco y el negro de nuestra sociedad. Creo personalmente que la arquitectura nos debe remecer, nos debe motivar a la participación. Existen muchas ramas de este gran árbol que nos protege y cobija. Cada uno de nosotros debemos hacer florecer la rama que más nos represente.